lunes, 13 de febrero de 2017

Il faut transformer la société (Es necesario cambiar la sociedad).

Hacia una crítica de la razón política


"Los partidos políticos son más un freno que un medio de desarrollo de los movimientos de creación social"


Entrevista a Cornelius Castoriadis, abril de 1979
publicada en "Critique socialiste", Nro. 35, junio de 1979. 
La transcripción fue leída y corregida por Castoriadis en mayo de 1979. 
Fuente: Lieux communs


En 1979, Cornelius Castoriadis (1922-1997) daba una entrevista a Joël Roman, militante del Partido Socialista Unificado (Parti Socialiste Unifié) francés, para su revista téorica "Critique socialiste", de la cual fuera jefe de redacción. En este fragmento, retomamos algunas ideas centrales sobre los partidos políticos, la acción política y los deseos de transformación de la sociedad. 

"Los partidos políticos son organizaciones burocráticas que pretenden haber encontrado el punto arquimédico para la transformación de la sociedad: apoderarse del aparato de Estado y todo lo demás se seguirá de allí. Esto explica la ceguera de los partidos frente a lo que está pasando con los nuevos movimientos, y el hecho de que las organizaciones de "vanguardia" (avant-garde) aparezcan como de "retaguardia" (derrière-garde) traccionando lamentablemente muy detrás de los acontecimientos". 

Según Castoriadis, los "geniales" líderes políticos e intelectuales han descubierto la autogestión con un desfasaje de cinco, diez, o veinte años. 

"Frente a estos movimientos, los partidos "de izquierda" adoptan dos actitudes que, por lo demás, no se excluyen para nada la una a la otra. La primera -que se corresponde con la realidad de estos partidos- consiste en decir: necesitamos el gobierno, las nacionalizaciones, etc. y el resto vendrá solo. La segunda consiste en la transformación de las nuevas reivindicaciones en plumas decorativas, en simples cosméticos, por medio de una serie de concesiones demagógicas verbales... Tal como existen, los partidos "de izquierda" son organizaciones que, independientemente de las intenciones y de las ideas de los individuos que los componen, están destinados a dirigir, a administrar desde el exterior y desde arriba". 

Y aunque Castoriadis descrea de la acción de los partidos políticos, esto no significa poner totalmente en cuestión el principio de de organización política en cuanto tal. 

"La solución no pasa ciertamente por los partidos políticos tal como existen. Más exactamente, estos partidos están aquí para otro tipo de solución -la solución burocrática, sea reformista o totalitaria. Pero esto no resuelve nuestro problema, excepto negativamente. No habrá transformación de la sociedad sin actividad política colectiva explícita y esclarecida. La actividad política es necesariamente colectiva. Necesitamos entonces una colectividad política que luche y actúe para la transformación de la sociedad, para la instauración de una sociedad autónoma. Esta organización colectiva tendrá una serie de tareas esenciales para realizar: difundir y hacer conocer el verdadero contenido de las luchas y de los movimientos que se despliegan, discutir su significación, sus eventuales debilidades, las razones de su éxito y de su fracaso, despejar de ellas su ejemplaridad. Su universalidad no provendrá de la posesión de una "teoría verdadera" definida de una vez por todas -sino que se consagrará a explicitar aquello que hay ya, implícitamente, como universal inmanente en la actividad de la gente, como significación que supera las circunstancias particulares en las cuales se encarna. Una colectividad como esa no podría, evidentemente, estar organizada más que de una manera que encarne y haga visible los fines para los cuales ella actúa: será autoadministrada y autogobernada". 

Sin embargo, esto por el momento no se ha dado en ninguna parte. Según Castoriadis, el problema político del momento no es la "unión de la izquierda", sino cómo "millones de personas, dispersas en toda Francia, podrían constituir una colectividad política no burocrática, autogobernada y autoadministrada". 

Joël Roman se pregunta: esa organización ¿no estaría condenada a la marginalidad por el simple juego de las instituciones políticas actuales? A lo que Castoriadis responde: 

Aquí también, es necesario desprenderse de las ideas heredadas, particularmente de la idea de que la única acción política es la de los partidos, que implica consejeros municipales, diputados, etc. ¿Cuál ha sido el acontecimiento político más importante en Francia desde hace veinte años o más? Mayo del '68. Ahora bien, ¿quién hizo mayo del '68? ¿Cuál es el partido que hizo mayo del 68? Ninguno. Sin embargo, diez años después, Francia está más marcada por mayo del '68 que la Francia de 1881 lo ha sido por la Comuna. 

Pero, en algún sentido, el mayo del '68, ha fracasado, agrega J.R. Y ese fracaso se ha dado en la medida en que no ha conducido a una transformación política efectiva, y no ha sido más que un inmenso movimiento social. Castoriadis reconoce que, en algún sentido o "en parte" ha sido un "fracaso". El mismo hizo circular durante los acontecimientos un texto (que luego fue retomado en La Brèche, un texto publicado por Morin, Lefort y él mismo a fines de junio del '68) donde trataba de mostrar que "era necesario organizarse, instaurar formas durables de acción y de existencia colectiva". 

"Nada de eso se hizo, por razones que sería muy largo de discutir ahora. Pero eso no reduce la inmensa importancia positiva de mayo del '68. Que ha revelado y hecho visible para todo algo fundamental: el verdadero lugar de la política no es aquel que se creía. El lugar de la política es en todos lados. El lugar de la política es la sociedad."

Ahora bien, ¿no sería contradictorio apelar a un movimiento que condujo al fracaso por su incapacidad de instituir para hacer la crítica de las formas institucionales existentes, sean estas las instituciones del Estado o los partidos políticos tal como están instituidos? Para Castoriadis apelar al mayo del '68 no es contradictorio. 

"No hay contradicción excepto si se confunde a las instituciones existentes con toda institución posible. El fracaso -más exactamente, el límite- de mayo del '68 ha sido la incapacidad de instaurar nuevas instituciones, instituciones otras: otras no, ciertamente, sólo en cuanto a su nombre, sino en cuanto a su esencia. Decir que sin la destrucción del aparato de Estado y sin la disolución de los grupos dominantes y de las instituciones consustanciales a su dominación no puede haber entrada a una nueva fase de la vida social no quiere decir que una sociedad autónoma es una sociedad sin instituciones. Una sociedad sin instituciones no existe... ¿Qué se puede decir ya de las instituciones de una nueva sociedad, de una sociedad autónoma? En todo caso, esto: que ellas encarnarán la autonomía, a saber, la autogestión, la auto-organización, el autogobierno colectivo en todos los dominios de la vida pública. Esto significa, también, que estas instituciones no serán establecidas de una vez y para siempre, que serán sustraídas de la actividad instituyente de la sociedad. Es por ello que, a mi entender, el problema político central  -y a la vez único, en el límite- es el de la auto-institución explícita, consciente, de la sociedad. Su solución implica tanto nuevas instituciones como un nuevo tipo de relación entre la sociedad y sus instituciones. 
Es en este punto de vista hay que situarse respecto a los movimientos de los que estamos hablando: ellos, ¿representan nuevas formas, autónomas, de organización colectiva? ¿Se instaura allí otro tipo de relación entre la gente y su organización colectiva, de modo que ellos la controlan efectivamente? Este es el criterio esencial. No condenamos al Partido comunista, o cualquier otra organización burocrática porque es una institución, sino porque es una institución burocrática, porque esta institución, en su forma, su estructura, su organización, su ideología, es necesariamente heterónoma, alienada y alienante, esclavizante para sus miembros y para los demás. 
Dicho esto, es necesario hacer algunas distinciones. Es cierto que mientras la sociedad global permanezca igual, es imposible que organizaciones plenamente autónomas existan en un sector o en un lugar determinado. Pues ninguna organización puede ser separada y aislada de la sociedad global; [toda organización] está sumergida en ella, es influenciada por ello y sufre las consecuencias de ello. Pero tampoco significa que ella deba estar necesariamente absorbida por el régimen al 100 % durante todo el tiempo. Aquí también es necesario denunciar el prejuicio absolutista pseudo-revolucionario según el cual o bien habría una ruptura radical y total, o bien se estaría absorbido al 100 % por el sistema. Eso no es cierto. 

El problema entonces tendrá que ver con los movimientos de autogestión parciales, o "de creación social localizada". ¿Cómo es posible la transformación radical de la sociedad si no se destruyen cierto número de instituciones centrales? ¿Cómo pueden confluir hacia una "lógica unificante"? Según Castoriadis, de lo que se trata es de replantearse el "verdadero problema" de la transformación de la sociedad. Lo importante es reconocer la contradicción fundamental que atraviesa a la sociedad capitalista "moderna": la división entre dirigentes y ejecutantes. 

"Esta división implica la exclusión de la gente de su propia vida, individual y colectiva. Hablo de división entre dirigentes y ejecutantes, de la vieja oposición de la filosofía política entre dirigentes y dirigidos. Es posible ser dirigido, no es posible ser meramente ejecutante. Ahora bien, el régimen intenta reducir a la gente a ser meros ejecutantes -está obligado a hacerlo-, excluirlos de la dirección de sus propias actividades; y, al mismo tiempo, no puede sobrevivir si no logra realizar plenamente este fin, imponer a la gente una total pasividad. (Se ve esto claramente en el ejemplo de la organización del trabajo en la empresa contemporánea). 
Ahora, todos los movimientos de los que estamos hablando apuntan, de una manera o de otra, en un grado o en otro, a superar y a abolir esta división entre dirigentes y ejecutantes -entre dirección y ejecución. En la medida en que no son simplemente movimientos de explosión o de expresión, sino también movimientos de creación, de institución social, ellos traducen y encarnan la aspiración de la gente a la autonomía. Por ello, anuncian y preparan la única transformación radical de la sociedad: el advenimiento de una sociedad autónoma, que asume por primera vez su autogobierno, que establece ella misma sus leyes. La lógica unificante de estos movimientos, y su relación con el proyecto de transformación radical de la sociedad, se encuentra en esto, en que ellos ya encarnan -sea de manera parcial, fragmentaria, balbuceante, estas significaciones políticas centrales: autogestión, auto-organización, auto-gobierno, auto-institución". 

Pareciera que las palabras de Castoriadis siguen siendo válidas aún hoy, en esta primera veintena del siglo XXI. 

Traducción: Liliana Ponce

Nota: 
Los párrafos entre comillas son transcripciones (traducidas al español) de las palabras de Castoriadis. Las negritas son nuestras. 

Material de uso para la cátedra de Historia del pensamiento político, 
Comisiones A y D, Profesorado en Historia, 
Instituto Superior del Profesorado Dr. Joaquín V. González.